Versos tristes de pavimento y ruido

 

Hoy amaneció triste mi corazón

y las nubes en el cielo eran grises.

El pavimento cansado entristecía

y sus lágrimas mojaban el césped.

Un saxofón cantaba en alguna esquina

y el viento susurraba tu nombre a mi oído.

Caminaba un paso tras otro, lento

y no sabía cómo vivir sin ti,

y las nubes en el cielo rezaban una plegaria.

 

Hoy amaneció triste mi corazón

y la luna del armario cerró sus ojos.

Las sábanas blancas se levantaron tarde

y el periódico gritó tu nombre al aire.

Una canción repetía mi triste amor

y la taza de café se ruborizó.

Una palmera solitaria, en medio de la avenida,

lloraba al atardecer,

y la luna del armario contenía sus lágrimas.

 

Hoy amaneció triste mi corazón

y el puente extendía sus brazos al aire.

El claxon de un carro repetía tu nombre

y el buzón de la esquina sufría ausencias.

Un parque quería olvidar nuestras caminatas

y el autobús, olvidar vivencias.

La ventana de tu cuarto estaba indiferente

a mis sentimientos

y el puente me pedía que lo abrazara.

 

Hoy amaneció triste mi corazón

y la avenida caminaba sin voltear a verme.

Un saxofón cantaba en alguna esquina

y los carros regresaban aprisa a casa.

El semáforo suplicaba que me detuviera

y la lluvia insinuaba algunos olvidos.

Miré un árbol y recordé tu nombre,

y supe que no volvería a pronunciarlo,

y como aquella avenida, te olvidarías de mí.

 

Hoy amaneció triste mi corazón

y mis llaves se escondieron de mí.

El paraguas cansado dejó de llorar

y una canción mencionó tu nombre.

Hoy amaneció triste mi corazón

y supe que no tendría más tus besos,

ni tus miradas al amanecer,

y para consolarlo no sabía qué hacer.

Hoy amaneció triste mi corazón

y yo no sabía cómo volver a ti,

y no sabía cómo consolarlo,

y no sabía que nadie podría, como tú, amarlo.

Hoy amaneció triste mi corazón,

porque la ciudad también entristeció,

porque nuestros recuerdos se olvidarían,

porque no estaremos juntos nunca más,

y porque mi corazón sabía

que nunca volvería a encontrar el amor,

que nunca volvería a encontrarte, amor.

 

José Escot Gendereley

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