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Mostrando entradas de junio, 2021
  La puerta en el muro azul   En medio de la noche, miraré tus ojos que ya no están. Sentiré la soledad de tu ausencia, que ahogará mi esperanza. Nadie sabrá de las lunas de Júpiter como lo sabré yo. Recordaré en la noche oscura, tu voz que me dirá: nunca más.   Mis dedos huérfanos de tu piel sufrirán, llorarán, desesperarán. Tu sonrisa seguirá apareciendo en mis sueños, incansable, como aquella imagen de la infancia jamás contada, olvidada. Y las tardes de octubre color ocre, me recordarán: nunca más.   Esas tardes caerán como hojas de otoño y se evaporarán en el aire, Los días serán piezas de domino que se repetirán y multiplicarán. Mi corazón habrá vuelto a aislarse de este mundo, solitario, y el eco de un recuerdo, a lo lejos, en el empíreo, me dirá: nunca más.   No será la muerte ni el espejo con su reflejo, sino tu ausencia. No será ni siquiera el que nunca volveré a tus brazos, o a tus rosas, quizá, será ese no sé qué...
  ENSAYOS MINIMOS V De las penurias de la inmortalidad:   El inmortal, el sueño y el laberinto de J. L. Borges   “Salomón dice: No hay nada nuevo en la tierra. De modo que, como Platón tenía imaginación, todo conocimiento no era más que remembranza; así que Salomón dio su sentencia de que toda novedad no es más que olvido” (Bacon, epígrafe en El Inmortal ).     En El inmortal encontramos palabras de otros, ciertamente. También, se puede hallar un intrincado laberinto de palabras. Quizá hasta muchas referencias, que sólo un ser extraordinario, perfectamente instruido, podría hallar sus significados y sus concordancias. Por desgracia, yo no soy uno de esos. No obstante, se puede leer con la sola intención de conocer un universo distinto, como cuando el narrador comenta: “pensé que Argos y yo participábamos de universos distintos” (Borges, El inmortal ), [las palabras entre comillas serán de este texto]; es decir, se puede no saber nada sobre la histo...

¿CÓMO EMPEZAR UN CUENTO?

  ¿CÓMO EMPEZAR UN CUENTO?     Paciente Lector:   Por donde empezar. Hay ocasiones en que parece que no necesito decir nada, que debiera callarme y seguir fingiendo una sonrisa petrificada. Que alrededor de mí no vuelan moscas impidiéndome concentrarme en algo que resulta ser lo que me hace escribir. Por donde empezar. Si miro la hoja electrónica y el parpadear del cursor que vomita letras que al parecer sólo se repiten ad infinitum . Siempre sin poder contener ni la mínima exactitud de la sustancia que deseo expresar. Es decir, por más que escriba jamás lograré dar a entender lo que en realidad pretendo comunicar. No es el mundo, soy yo. No soy yo es el mundo. Y en sí, la medida de mis huellas, que se desbordan ante lo inexplicable. Porque cómo comprender que rodeado esté de problemas y soluciones a la vez. O cómo expresar que me entristece el cause del río que sigue la corriente. Si cuando los escritores, esos que renombran las cosas, como los poetas, so...