ENSAYOS MINIMOS IV

De la envidia o el escarnio en “los teólogos”.

 

Decía san Agustín en sus Confesiones, si la memoria no me falla, que “la envidia es el dolor por el bien ajeno”; nos duele que otro tenga lo que nosotros nunca alcanzaremos. En el cuento: Los Teólogos, Borges nos habla de una singularidad metafísica, todo hombre son dos hombres a la vez; soy yo y el otro. La historia toma como pretexto dos herejías que acaso nunca existieron, pero en la historia de las herejías acaso esto no sea cierto (libros se han perdido y otros, que aún existen, duermen en el descanso eterno de algún archivo aún no explorado), para introducirnos en la bifurcación de dos personalidades. Aureliano de Aquilea, veneciano, quizá, y Juan de Panonia, oriundo del otro lado del Adriático. A base de las creencias heterodoxas de los Annulares y los Especulares, el narrador deja ver como las circunstancias hacen al hombre y que no hay nada tan poderoso para existir como la envidia. A su vez, es con el escarnio que muchos disfrazan su envidia, su impotencia de ser como aquél a quién quieren imitar. El desenlace es el mismo para uno y para el otro; tanto Juan de Panonia como Aureliano de Aquilea, obtienen lo que ambos buscaban, vivir en un paraíso con un dios que sin duda no es especulativo y mucho menos anular.

Los monótonos, la primera herejía que menciona el texto, “profesaban que la historia es un círculo y que nada es que no haya sido y que no será”, su símbolo es la rueda y la serpiente, quizá el Uróboro; su defensor Euforbo, acaso el alma que rencarna en Pitágoras y luego de éste, en sí mismo, nuevamente. Los Histriones, la segunda herejía, “imaginaron que todo hombre es dos hombres y que el verdadero es el otro, el que está en el cielo”; su símbolo era el espejo y un óbolo; quizá, éste último, para san Pedro el de las llaves de la puerta celestial; su víctima, Juan de Panonia. Es sencilla la trama y a la vez profunda. “Aureliano, parejamente, quería superar a Juan de Panonia para curarse del rencor que éste le infundía, no para hacerle mal”. No obstante, terminará siendo el desencadenador de la perdición de Juan de Panonia.

Aureliano de Aquilea se siente en desagravio porque Juan de Panonia fue elegido para confutar a los Annulares. Mientras Juan de panonia utiliza un lenguaje breve, claro y sencillo pero erudito; Aureliano de Aquilea se basa en la grandilocuencia, en el escarnio y las citaciones infinita que difumina su mensaje. Así leemos “más le dolió la intervención –intrusión- de Juan de Panonia”; dado que había hablado éste sobre la séptima atribución de Dios [en el texto se toma como la séptima atribución la Eternidad, pero en las listas o enumeraciones, generalmente es la Verdad]; siendo que Aureliano de Aquilea era experto en la definición teológica del tiempo según el cuento. La enemistad, quizá la envidia, se desarrollar desde este punto. Hay dos o tres argumentos del cuento que dimensionan la historia: las veinte palabras que es todo lo que queda de Juan de Panonia, el apostata, que nunca son mencionadas; ¿por qué Aureliano de Aquilea escoge el escarnio como confrontación para los Annulares?; en su escrito Aureliano de Aquilea crea muchos silogismos contra los Monótonos, uno de ellos, uno estos, es compararlos con espejos que luego derivarían en los Especulares. Casualmente, en el cuento, Mateo 6.7 no es citado: “Y al orar, no hablen mucho como hacen los paganos”. Seamos breves insiste el narrador de la historia, lo utiliza juan de Panonia y lo siente como una herida, al leerlo, Aureliano de Aquilea.

Seamos breves, ¿es una afirmación a favor del cuento y en contra de la novela? Quizá eso no importa. La envidia surge de pensar que lo que tiene el otro debería ser mío, de sentir que lo que él tiene no puedo tenerlo yo; y muchas veces utilizamos la burla, el chiste, la mofa o hasta el apodo para desacreditar a nuestro oponente. Nos olvidamos de argumentos y silogismos, creamos sofismas para hacer de lo que decimos la verdad. Jean Cocteau mencionó en alguna parte que “no se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría”. Hay veces que creemos que es lo mismo. Buscamos burlarnos porque no comprendemos. Nos mofamos a falta de poder razonar un poquito y entendernos en el otro. En estas inmensidades del ciberespacio, hacemos memes porque una imagen nos es más comprensible que un argumento, y los justificamos diciéndonos que se requirió un gran esfuerzo de encontrar similitudes y metonimias. En realidad, preferimos las imágenes pues nuestro pensamiento ahorra esfuerzo. Y como dice el adagio: una imagen dice más que mil palabras, pero utiliza menos neuronas y menos eones. Y no está mal, cuando aceptamos que preferimos evitar el esfuerzo por el ahorro de energía vital.

Juan de Panonia y Aureliano de Aquilea quizá para la eternidad sean el mismo y el otro. Jano romano bifurcado en dos cuerpos. El texto es muy concreto y utiliza cada detalle para formar la trama. Ninguna mención sobra ni falta; invierte ciertos tiempos, crea mentiras que parecen realidades (será por eso del falso 7º atributo). En conclusión, vemos a un Juan de Panonia muy parecido a Borges, en su forma de crear sus textos; habría que pensar ¿quién fue su Aureliano de Aquilea? Y más allá de esto, hay una justificación del por qué evitar la envidia y, quizá, el escarnio –sobre todo la burla publica- ya que al final, todos podríamos ser Juan de Panonia, pero nadie se podrá escapar de ser en algún momento Aureliano de Aquilea.

Si no han leído el cuento, léanlo. Seguro hallarán otras lecturas y mejores intrigas que las que les he ofrecido. Mi esperanza reside en ser, algún día, un Juan de Panonia y en alejarme, cuanto más pueda, de mi Aureliano de Aquilea. Pero, es tan difícil como soñar o estar despierto, existir o creer que existo más allá de estas páginas.

 

José Escot Genderley.

 

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